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    Aprender a confiar en nuestras capacidades nos lleva a ejercitarnos en ellas, y así obtener siempre mejores resultados en todas las áreas de la vida.
    Un extraordinario ejercicio es anotar en una hoja cuáles crees que son tus mayores capacidades; después, reflexionar sobre otras con las que también cuentas, pero no estás desarrollándolas. ¿Cómo puedes darles un uso productivo? Y, gracias a ellas, ¿qué podría mejorar en tu vida laboral y personal?, ¿qué resultados obtendrías si les prestaras atención y las activaras al máximo?
     Por otro lado, observa y analiza qué capacidades te hacen falta y cómo podrías desarrollarlas para lograr que tu vida avance considerablemente hacia una mejora.
     Si nos damos a la tarea de observar, nos percataremos de que el desarrollar nuevas capacidades implica mejoras sustanciales. Primero se requiere determinación y, de ahí, la práctica para ser cada vez más hábiles en ellas. De esto, resultarán nuevos y mejores hábitos.
     Sal de la estación donde te encuentras estancado, optimiza lo que ya haces y busca aprende algo nuevo.
     Cada día es una oportunidad. Si la tomas y te vales de ella, ten por seguro que tu vida cambiará sustancialmente.
     ¿Estás dispuesto a ir más allá de la teoría y ponerte en acción?

 
 
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       Tus objetivos deben ser como un gran amor de tu vida, en que los cortejas y los procuras; haces hasta lo imposible para estar a su lado, y así, obtienes lo mejor posible de la relación que les une.
       Si a nuestros objetivos los viéramos más de esta manera, y no meramente como un sueño probable de realizar, nuestras conductas serían muy distintas de las que acostumbramos , y seguramente lograríamos muchos más éxitos y mejores resultados. 
       Toma un objetivo que anheles y todavía no hayas cumplido. Imagina que se trata del amor de tu vida, ¿qué estarías dispuesto a hacer por ese amor? Toma nota, desglosa qué es lo que necesitas  para alcanzarlo y trabaja en ello.
       Quizá para  conquistarlo habrá que levantarse más temprano, aprender cosas nuevas, tomar mejores decisiones, realizar algunas actividades que no nos gusten, pero no hay que perder de vista que nuestro objetivo es alcanzar su conquista. Jugar a poder, a lograr y a obtener el resultado exitoso de nuestro deseo.
        Trata a tus objetivos con una verdadera importancia y dales ese poder que sólo tú puedes darles. Si te enfocas de esta manera, te sorprenderá su respuesta. 
       No esperes tanto, reflexiona unos segundos y decide en qué objetivo, por pequeño que te parezca, te enfocarás el día de hoy.  

 
 
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       Trampa, pretexto, salida, pérdida… ¡Cuánta importancia, atención y necesidad de enfoque requiere el tiempo! Frases comunes: “No tengo tiempo”, “Se me fue el tiempo”, “Para eso no tengo tiempo”.
       Enfoque, se necesita enfoque. Si el tiempo se te va, hace falta una buena asignación de espacio temporal hacia eso que lo requiere; si a algo no vale la pena prestarle atención, ha de ser porque no tienes tiempo para que forme parte de tus prioridades, quizá no le has encontrado el valor. Muchas veces, uno vive tan ocupado que corre como el conejo de Alicia en el país de las maravillas, con el reloj en mano, sin darse cuenta de que en su prisa constante pierde la oportunidad de optimizar el tiempo. 
       El día tiene 24 horas.  ¿En qué las empleas? ¿Qué atención le prestas a los límites de tiempo que requieren tus actividades? ¿En qué te distraes? ¿Cómo puedes optimizar tus tareas para obtener un mejor resultado en menor tiempo? Aprende a usar el tiempo en tu favor. Si hay enfoque en lo que deseamos, puede ganarse mucho tiempo y, entonces, para cumplir actuaremos con real atención.
     Cambia el patrón de las cosas, créate el objetivo de construir para ti mismo una mejor calidad y más tiempo. Es un excelente ejercicio. Sin duda te ayudará  a vivir mejor.

 
 
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     En la vida, todo implica costos y beneficios. Nada de lo que hagamos está exento de ello.
       A veces, cuando se trata de proporcionarle un beneficio a alguien, la gente lo valora siempre y cuando sea movido por el ‘desinterés’. Sin embargo, no debemos temerle a también movernos por el ‘interés’.
       Si estás leyendo esta nota, es porque intuyes que alguna utilidad te aportará o, por lo menos, te entretiene. Pues bien, ya sea por una u otra razón, en el interés de leer esto hay un beneficio.
       Si observas, te darás cuenta de que todo el tiempo nos mueve el costo y el beneficio de las cosas y de las circunstancias. Eso no es malo, es algo natural, pero nos han enseñado que debemos ser “desinteresados para ciertos asuntos”.
        Cuando le das un beso a alguien que amas, estás recibiendo un beneficio, ya sea la felicidad que te supone el hacerlo, o el sentir que algo bueno de ti obsequias a otro ser humano. Otro ejemplo puede ser una obra benéfica. Ésta le aporta un beneficio a quien la recibe, pero también a quien la lleva a cabo; es decir, el beneficio de haberle hecho el bien a un ser necesitado. 
        Por otro lado, muchas veces no tomamos ciertas decisiones porque nos parece, a simple vista, que los costos son demasiados y entonces pensamos que el área de confort a la que estamos habituados nos aporta más beneficios.
       Te invito a que en los próximos días reflexiones. Por ejemplo, en relación con el desarrollo de un proyecto que, para aprender y ejecutar ciertas cosas que tal vez no te gusten, requiere sacarte de tu área cómoda. Si lo piensas con detenimiento, te percatarás de que ese aprender y ejecutar pueden llevarte a obtener muchos más y mejores beneficios de los que ahora estás obteniendo.
        Es un muy buen ejercicio reflexionar sobre algunos de nuestros proyectos y tareas, y además preguntarnos: Si hago, aprendo o ejecuto esto, ¿dónde está el beneficio que pueda ser superior al costo de hacerlo?
       Aprende a ver los beneficios de mediano y largo plazos, y no pienses únicamente en la gratificación inmediata de la autocomplacencia. Te aseguro que te sorprenderás del beneficio adicional que puedes aportarle a tus resultados en todas las áreas de tu vida.

 
 
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     Quienes se quejan de no lograr lo que sueñan, es porque no se han percatado de su bajo nivel de compromiso. 
       Si bien, asumir un compromiso con los demás es de suma importancia, más importante lo es el comprometerse consigo mismo.    
       Habrá que preguntarse: ¿Qué hace falta que haga YA para salir de la zona donde estoy atorado? ¿Qué malos vicios de comportamiento, o qué patrones de pensamiento puedo romper para encaminarme a nuevos y mejores horizontes? ¿Qué haré en estos días, que me dará un resultado distinto a pesar de que las cosas no salgan al cien por ciento como yo espero?
       Para lograr una mejora, un éxito constante, la realización de muchos sueños y proyectos, requerimos comprometernos más con lo que decimos, con nuestra palabra, con nuestras pequeñas metas, con el plazo para cumplirlas. Y esto, la mente lo reconoce y lo aprecia. Porque, lograr el cumplimiento de tu palabra, de tus acuerdos y de tus pequeñas metas, también te gratifica emocionalmente.
       Esta semana, ponte en acción.
       Agradezco profundamente que me leas, pero, tras reflexionar, será tu forma de acción la que te llevará al destino deseado. Así que, escribe tres cosas con las cuales te comprometes, empeña tu palabra con compromiso, ponte en acción y logra lo que te propongas. Ahí está el poder.

 
 
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     Los sueños pueden ser un excelente principio de nuestras metas. Pero existe una gran diferencia cuando los sueños no tienen una claridad objetiva y, además, muchas veces suelen ser más emocionales que prácticos.
       Los sueños suelen llevarnos a estados respecto a cómo nos sentiríamos si estuviéramos en determinada circunstancia; imaginas la meta, pero no la precisión del camino concreto que te llevará a ella. Sí, la meta –en lo cual incluso tiene que ver el lenguaje con el que te hablas a ti mismo–, cuando conviertes sueños en metas.
       Cambia frases como: podría ser, quisiera, me gustaría que fuera, podría hacer, si yo hiciera, etcétera, por frases como: será, quiero, tendré, haré, etcétera.
       Una de las conductas adecuadas para hablarle a la mente es liberarla de frases dubitativas y aprender a ser más asertivos e imperativos. Decirle lo que haremos y no lo que podríamos hacer, ya que si le expresamos ideas como “Podría ser mejor”, probablemente ella te respondería “Sí, podrías”.
       Meta concreta, hora y día en que verás cumplido lo que te propones. Acciones que te acercarán a ella, medición que te permitirá saber si vas en el sentido correcto o es necesario modificar algo en el camino, son puntos importantes para cambiar sueños por metas e ir hacia el logro de ellas.
       Inicia por establecerte metas de corto plazo y acostúmbrate a cumplir. También acostúmbrate a planear de una manera concreta y clara, y da los pasos necesarios para hacer del éxito un hábito constante en tu vida.

 
 
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     Hay que pensar con calidad para encaminarnos a mejores éxitos. Muchas veces queremos pero... ¡ay, esa mente que nos detiene tanto! Un ejemplo de ello es:
     Mensaje 1. Lo que dice la mente: Es atractivo pero, como tenemos miedo, no corramos riesgos, mejor nos quedamos como estamos... Eso lo sabemos sólo tú y yo, pero no digas esto, mejor busca un pretexto y di:
     Mensaje 2. Lo que dice la boca: No se puede, va a ser difícil, es que no entiendo, eso no me importa, no tengo tiempo, estoy muy ocupado, eso no es lo mío, yo estoy bien así, la verdad es que...
     Mensaje 3. Lo que puede ocurrir en consecuencia: estancamiento, frustraciones, autoengaño, los resultados de otros atribuirlos a la suerte. Sueños no cumplidos.
     ¿De qué alimentas tu mente? Los pensamientos que le permites es lo que genera una vida débil y llena de frustraciones, o una vida plena encaminada al éxito de la manera en que tú puedas verlo. No digo –bajo ninguna circunstancia–, que todos debamos manejarnos de la misma manera y buscar las mismas cosas, sino que lo ideal es que todos busquemos la sincera realización de nuestros sueños, objetivos y metas, y no los boicoteemos debido a esos mensajes limitantes de nuestra mente.
     Un buen ejercicio es formularnos más preguntas internas respecto de lo que nuestra boca dice. Esto nos lleva a descubrir los impulsos o límites más profundos (como en el mensaje 1) y darnos cuenta de dónde está nuestra verdadera posibilidad de mejora. Cuando nos enfocamos en desarrollar tareas de mejora en nuestros primeros mensajes, lo que nuestra boca dice cambia en consecuencia. Así, un profundo “tengo miedo de intentarlo”, que asimismo nos lleva a decir “es que no me interesa”, puede convertirse en un primer pensamiento que nos conduzca al “aprenderé de mí y mejoraré”. Esto, en consecuencia, podrá cambiar lo que dirá nuestra boca: “¿Qué hay que hacer para lograrlo a como dé lugar?”.
     Pruébalo, rétate poco a poco, escúchate más, alimenta mejor a tu mente y logra un mejor yo, día a día.

 
 
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     Stephen Covey (autor de “Los 7 hábitos de la gente realmente efectiva”) habla de la libertad que tenemos para decidir que algo externo pueda afectarnos de una u otra manera.      De lo que muchas veces no nos percatamos es de cómo las pequeñas elecciones y decisiones pueden alterar nuestros resultados de manera radical. Perder una hora en actividades innecesarias puede parecer poco, pero en la suma de un mes, una hora diaria resulta ser mucho. Es decir, si trabajamos desenfocados, de esa hora obtendremos sólo un rendimiento efectivo de 15 minutos.
     Tomar una elección tan simple como lo es leer una revista en vez de ver un videojuego; leer en un libro una información que me beneficie, en vez de ver en la televisión un programa de espectáculos y de la vida de los artistas; ver al amigo con quien siempre “arreglo” el mundo, sin que en la práctica haga nada, en lugar de reunirme con el amigo que puede asesorarme, parecen ser pequeñas e irrelevantes elecciones, pero en suma suponen un gran efecto en nuestros sueños y propósitos.Yo siempre evito darle a las cosas el calificativo de buenas o de malas, pienso que eso es muy relativo en relación con diversidad de factores; más bien, hablo de ser conscientes del impacto de los hechos, de los pensamientos y de las decisiones.
     Si hoy elijo no trabajar, porque me tomaré el día aun sabiendo que no produciré algo, pero a cambio obtendré el esparcimiento que deseo, entonces hay consciencia de costo y beneficio. Es ahí donde radica gran parte del juego, en tomar consciencia de lo que implica optar por una u otra decisión.
     Pon más en práctica la tarea de preguntarte a ti mismo qué es lo que, en la elección de tus opciones, podría modificar tus resultados.
     Si bien, vivir más en consciencia de esto puede no asegurar al cien por ciento el logro de lo que deseas, indudablemente sí te acercará a su realización.

 
 
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     Uno puede trabajar, ocho, diez o doce horas al, día pero lo más valioso de hacerlo no será el número de horas invertidas sino la calidad de la productividad que le dediques a esas horas. Hay quienes dicen: ¡Yo, trabajo mucho! ¿No sería mejor que dijera: Yo, produzco mucho?
     En algunos países del mundo se trabaja menos horas que en otros y con un nivel de productividad mucho mayor, y es ahí donde incluso radica una posibilidad de mejorar la calidad de vida de una persona. Si nosotros tuviéramos o fuéramos desarrollando la capacidad de observar con detenimiento todas esas fugas de tiempo que se nos va como distractores improductivos, y nos diéramos a la tarea de eliminarlos poco a poco, seguramente seríamos mucho más productivos.
     Una persona que se entrena a tener más productividad que tiempo laboral es una persona que sabe optimizar muchos otros recursos. Más vale trabajar cuatro horas con un profundo interés y empeño objetivo, con más eficiencia y eficacia para lograr una alta productividad, que pasar el día entero perdido en distracciones en donde la productividad no se logra a pesar trabajar doce horas; es decir, tres veces el tiempo.
     ¿Quieres ser más productivo? Haz un poderoso ejercicio: Entrénate por horas. En un tiempo límite de una hora, ponte uno o varios objetivos que sabes que podrás cumplir si no te extravías en distracciones que están dentro de tu control. Esa hora sé más productivo y celebra el haber obtenido el resultado deseado. Hazlo de nuevo, y así, procura hacer que en menos horas obtengas más y mejores resultados de los que sueles obtener cuando no prestas atención a esto.
     Te darás cuenta de lo poderoso que es aprender que no necesariamente hay que trabajar más tiempo y desear aumentarle horas al día, sino trabajar mejor, con más enfoque, eficiencia y eficacia.

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     Dar un paso con audacia es tomar la decisión de tomar el valor o atreverse a algo. Hay muchas cosas que podríamos hacer para ir un paso adelante en nuestras circunstancias de vida y lo que nos hace falta es un poco de audacia. 
     ¿Qué no has hecho en tu vida que aún podrías hacer si dieras un paso de audacia? ¿Por qué no te lo has permitido? ¿Qué es lo peor que puede pasar si te das la oportunidad de hacerlo? 
     Darnos la oportunidad de ser un poco más audaces e ir más allá de las limitaciones autoimpuestas nos permite dar un paso adelante. Date la oportunidad de probarlo. No te propongo que te avientes al vacío estando frente a un precipicio, eso... no es audacia. Pero sí que te des oportunidades que no te has dado. Acuérdate cuando eras niño y corrías más riesgos, aprendías cosas novedosas, encontrabas nuevas formas, te dejabas ir de sorpresa en sorpresa, y era en gran parte propiciado por esa audacia. Nunca es tarde para retomarla y descubrir que el universo es mucho más amplio del universo personal al que hemos puesto cercas emocionales. Abre la reja de su seguridad personal y verás que fuera de esa cerca encontrarás nuevas aventuras, como cuando niño.
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     DEL AUTOR: Guido Rosas.com
     Escritor y Conferencista especializado en Comunicación Humana.