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     Todos tenemos metas, queremos lograr ciertos objetivos, alcanzar ciertos niveles de resultados... ¿Qué está impidiendo que logres tus metas?
     En un mundo tan vertiginoso donde tanto puede pasar en una sola hora, recibimos y compartimos tal cantidad de información que parece ser que una de las consecuencias es perder el enfoque de muchos objetivos. 
   Este camino vertiginoso se vuelve ilusorio porque podemos sentir que estamos muy ocupados y/o haciendo muchas cosas pero... ¿estás obteniendo los resultados que deseas?
     Requerimos detenernos por unos instantes en el camino para hacernos las dos preguntas anteriores y si no estamos alcanzando lo que deseamos, valdría la pena comprender qué nos está haciendo falta y dónde está la posibilidad de obtenerlo.
     Piensa por un momento en una meta específica de la cual no estás obteniendo el resultado que deseas. ¿Qué está faltando? Es posible que la respuesta sea relativamente sencilla pero hay que detenerse un momento a observar. Pueden ser factores de diversas índoles como: Dinero, miedos, conocimiento, distracciones, etc. Y, ya fuera algo emocional como el miedo o intelectual como el conocimiento, valdría la pena prestar atención. Una vez que has detectado las posibles causas que pueden estar frenando la obtención de tus metas, vienen otras preguntas importantes: ¿Cómo obtengo eso que me hace falta? ¿Qué tengo que hacer para que ese obstáculo desaparezca? ¿Cómo vuelvo un impedimento en una oportunidad? 
     Enfocarnos en un paso anterior a la falta de logros nos permite saber desde dónde puede estar lo que hay que resolver. Haz este ejercicio, regálate unos minutos para reflexionar desde dónde se frenan tus logros, trabaja en las necesidades básicas, afianza los cimientos de lo que deseas y trabaja con ahínco buscando las herramientas necesarias para construir bien. 
     Recuerda que los cimientos son la base de lo que construyes y en la calidad de esta base estará la resistencia del proyecto que coloques sobre de ella.
     Menos quejas, menos justificaciones, más enfoque y más pequeños logros que en su suma te otorguen mejores resultados.

 
 
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     Un cliente es cualquier persona que recibe un bien, servicio, producto, idea, a cambio de dinero u otro valor.
     Así podríamos pensar que puede tratarse de un cliente externo en el mundo de los negocios, o un cliente interno en el mundo de la empresa e incluso un cliente personal en un entorno de pareja o familiar. 
     Para el caso de esta nota, la propuesta aplica para todos: Una buena relación con el cliente se facilitará si conoces las necesidades del cliente.
     A lo largo de los años que llevo en el mundo de la consultoría y dictando cursos y conferencias he escuchado y leído infinidad de veces frases como "crear la necesidad del cliente" y personalmente no me parece que el objetivo sea crearle una necesidad sino detectar áreas de oportunidad.
     Si empezamos por el cliente de casa, puede ser tu pareja, muchas veces tratamos de convencerle a toda costa de que nos compre una propuesta e idea. Hablamos hasta el cansancio intentando convencerle y de lo que muchas veces no nos percatamos es que lejos de contribuir a obtener un resultado exitoso de la negociación estamos saturando toda buena posibilidad de obtenerlo. Lo mismo puede ocurrir en el mundo de los negocios cuando hablamos de "todas las bondades y beneficios" que ofrecemos sin percatarnos de si éstas encajan con las necesidades del posible cliente.
     Hay que investigar más allá de irnos en simples supuestos de lo que estas necesidades pueden ser. Y para detectar hay que investigar por todos los medios posibles. Conocer y saber lejos de suponer. Si nosotros logramos conocer las necesidades reales o los verdaderos deseos de la contraparte con quien negociamos, es mucho más factible poder satisfacerle y él en consecuencia no cederá, sino deseará posiblemente lo que nosotros le ofrecemos.
     Para detectar las necesidades se requieren dos habilidades de comunicación interpersonal: Escuchar con calidad y preguntar con calidad. Escuchar con calidad es filtrar la información que recibimos más allá de nuestros supuestos e interpretaciones personales  para escuchar poderosamente lo que la otra parte desea comunicar y preguntar con calidad es hacer preguntas directas y asertivas para obtener información relevante al objetivo que deseamos, que en este caso es conocer lo que la otra parte desea, requiere, etc.
     Escuchar, preguntar y volver a escuchar. Un ejercicio práctico que podemos ejecutar con consciencia todos los días y percatarnos que se va reforzando en la práctica constante. Escuchar, preguntar y volver a escuchar, un ejercicio que me lleva a conocer más de ti y abre la posibilidad de poder servirte mejor.

 
 
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     Desde que fuimos concebidos, sin saberlo, habíamos ganado la primera partida de nuestra vida. 
Y a partir del día en que nacimos hemos ido ganando y perdiendo un sinfín de eventos y circunstancias. 
     Personalmente creo que nacemos para ganar y me gusta ver la vida como un gran juego con múltiples retos que podemos interpretar como emocionantes o aplastantes y retos a los que nosotros podemos poner acción y emoción o recibir de una forma pasiva y que, en muchos de los casos, de cualquier manera sucederán. 
     No creo que necesariamente nacimos para ganar las mismas cosas todos los seres humanos, o al menos, no todos deseamos obtener la ganancia de las mismas cosas, pero sí pienso que todos tenemos la elección de ganar las batallas y retos que nosotros deseemos imponernos. 
     Algunos podrían desear llevar una vida en paz sin complicarse demasiado y lograrlo en sí ya es el triunfo de algo que se ha decidido, otros pueden desear acumular retos y triunfos y, así, cada uno mide el éxito de acuerdo a sus medios, intereses, sueños y anhelos personales.  
     La gente más realizada es la que se da a la tarea de ganar lo que desea para sí misma no en cantidad de las mismas sino en la obtención de sus triunfos.
     Hay muy buenos ejercicios a este respecto, uno simple es enumerar cómo te gustaría que fuera tu vida a diferencia de como es el día de hoy y poner un tiempo viable, creíble y alcanzable para obtener esa ganancia, esa meta lograda. 
     Otro es que si ya tienes un negocio propio o lo estás construyendo tengas una meta con un plazo determinado y juegues con todo para obtener la meta en dicho plazo. 
     Es muy importante observar que aunque todos tenemos derecho a ganar y he dicho que es un reto y un juego interesante, también ha que ver que muchos sólo sueñan pero no ganan continuamente ya que suelen jugar "a la segura" y esto les impide alcanzar el triunfo de lo que se proponen. Muchas veces, se justifican en las limitaciones externas pero es importante observar que la mayoría de los obstáculos, generalmente, no son externos, sino internos. 
     Piensa en algún objetivo específico que desees. ¿Qué tan grande es tu deseo de ganar? ¿Estás dispuesto a hacer lo necesario y lo que haga falta para obtener tu meta y ganar? ¿Harás lo que sea necesario para pasar de lo ordinario a lo extraordinario? 
     Si tus respuestas son afirmativas, seguramente obtendrás el éxito al busca lo necesario y ganarás siempre, encontrarás siempre algo para mejorar. Si al hacerte estas tres preguntas básicas una o más de tus respuestas son negativas, no pierdas el tiempo y enfócate en nuevas metas que de entrada estés dispuesto a alcanzar y ganar a toda costa. 
     Ganar es un ejercicio constante. Debes proponerte muchas pequeñas metas y habituarte a ver el triunfo acumulado de ellas. Siempre digo que el éxito es un hábito. Y también sé que al primer competidor que debes ganar cotidianamente eres tú mismo. 
     Hoy gánate a ti mismo, suma muchas pequeñas metas y habitúate día a día a ser más exitoso.

 
 
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     Es de suma importancia entrenarnos a escuchar cómo le hablamos a nuestra mente durante el día y cómo solemos hablar con otros referente a la mayoría de las cosas que solemos compartir. 
     Muchas personas parecen estar alerta a todos los problemas del gobierno, de la sociedad, de la economía, y en general de todas las imposibilidades de lo que suele haber en su entorno. 
     ¿Observa las conversaciones cotidianas que tienes con tus amigos? ¿De qué hablan? ¿De lo que se puede o de lo que no se puede?
     Presta profunda atención y te darás cuenta de que existe una típica familiaridad con la palabra imposible. Y cada vez que dices eso o algo similar a tu mente, ésta busca cómo hará evidente que tengas la razón y eso sea verdad.
     El éxito viene con frecuencia a las personas que se vuelven conscientes de lo que se puede hacer, de lo que se puede corregir, de lo que se puede aprender. Y todo lo anterior es sólo un enfoque mental al cual debemos prestar atención. 
     Haz un simple ejercicio: detecta algunas de tus expresiones en contra de buenos resultados o de la obtención de tus propósitos que sueles decir cotidianamente y antes de cambiarla por una afirmación pregúntate qué puedes pensar a favor de la circunstancia, que tu mente crea y que además si te enfocas en ello puedas mejorar, lejos de quedarte atorado en algo que posiblemente estés atorado en tu vida el día de hoy. Haz este ejercicio todos los días durante un mes y si lo tomas en serio anota algunos de los cambios de tus procesos de pensamiento y las actitudes que generan en un cuaderno. Te dará cuenta de que alterar simplemente el enfoque de cómo ver las cosas y relacionarte con ellas te otorga nuevos y mejores resultados. 


 
 
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     Muchas personas suelen no actuar o solicitar algo ante la simple idea de recibir una respuesta negativa.  Queremos un aumento de sueldo, pero el temor a la reacción del jefe, a muchos, hace callar. Y no hablemos de afrontar el rechazo: hay gente que ni siquiera aprende a superar la idea del posible rechazo que en sí es la antesala del aprender a liderar con lo que podría considerarse el rechazo real, es decir, el momento en que efectivamente puedes escuchar una respuesta negativa.
     El que no obtengas el resultado no esperado, no necesariamente tiene que implicar un no por siempre. Pero si ésta fuera la única respuesta posible, más valdría conocerla para reflexionar acerca de dónde pueden estar otros posibles sí. 
     Un ejemplo es el siguiente: Recibo un salario de 1,000 dólares mensuales. Deseo un ingreso de 1,500 dólares. Quedarme atorado en el temor de solicitar y negociar un posible ingreso del 50% de lo que tengo sólo me asegura que continuaré obteniendo esos 1,000 dólares. Solicitar y ver la manera de negociar opciones, posibles nuevas actividades, cambios, etc. puede no darme los 1500 que deseo pero posiblemente sí 200 más o 300, etc. También, por supuesto podría no ganar en la negociación un sólo dólar adicional a lo que tengo por buena que sea mi intención de negociarlo. ¿Eso es malo? ¡Por supuesto que no! ¡Es extraordinario! Porque cuando he buscado por distintos medios algo que deseo y sé que en el camino que estoy no me será provisto. Esto me permite dos alternativas: Aceptar sin víctima mi situación real si elijo quedarme ahí, o abrir nuevas opciones hasta lograr lo que deseo.  
     Esto aplica a todo tipo de peticiones y negociaciones. Es importante a ir más allá del temor para ir por lo que deseamos. Cada vez que hay un no es porque algo no se alcanzó, algo no se cubrió, se resolvió o encontré un beneficio en la persona que nos niega algo o... es que nuestro resultado no fue el esperado porque algo faltó o no estamos en el sitio adecuado. Reflexiona mucho en este tema, lo considero de sumo valor. A veces la gente no se atreve a preguntar, simplemente porque no quiere conocer la respuesta del otro lado.
     Hoy voy más allá de mis temores para encontrar respuestas y a partir de ellas obtener lo mejor para conducirme al destino que yo deseo llegar.

     Autor: GuidoRosas.com
     Autoliderazgo.net
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Has intentado algo que no salió como esperabas, te sientes frustrado, lleno de desaliento, incluso dudas de tus capacidades. Sin embargo, en esa experiencia no grata, en esa emoción que puede resultar desmotivadora y que te incita al abandono, es posible que haya una veta de éxito.
     Derrumbarse y lanzarse a la queja melancólica puede ser una reacción automática pero si conscientemente te das a la tarea de ser proactivo y buscas los aprendizajes y las posibilidades hacia algo mejor, es muy probable que encuentres vetas de oportunidad. Puede que en automático una parte de ti te lleve a enumerar una larga lista de “lo que perdiste”, sólo que tu productividad es la que te llevará a determinar lo que ganaste.
     ¿Qué aprendes de la experiencia? ¿Qué nuevas acciones o pensamientos deberás desarrollar para avanzar a pesar de todo? ¿Dónde puede estar lo que hay que aprender? ¿Dónde están los nuevos caminos que puedan llevarte hacia donde tú deseas llegar?

     Ve las vetas de éxito, de las oportunidades, lejos de quedarte atorado en la sensación de pérdida. Todo aquello que no sale es un fuerte indicador de que algo debe aprenderse o de que existe un camino por reenfocar y dirigir. 

     Observa el objetivo real y continúa. Suelta los lastres innecesarios y dolorosos, y carga los medios ligeros que te empujen hacia adelante.

     La verdadera gente de éxito es aquella que no se detiene ante la frustración, es aquella que aprende de lo que no ha salido de manera correcta hasta encontrar los medios para llegar. 

     ¡Adelante!



 
 
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Hay que coleccionar sueños, pero algunos deben ser tan grandes que nos motiven a actuar para llevarlos a la realidad. Hay que encontrar un sueño que nos dé razones suficientes para tomar acción; ése, que nos motiva a emprender.
     Hoy, enamórate de algún proyecto con la misma intensidad de esos enamoramientos ricos, como cuando acabas de conocer a alguien y te gusta. No importa la hora, no importa el esfuerzo o la distancia, deseas estar con esa persona, y construir y construir, y estar...
     Pues bien, si inicias un proyecto, enamórate de él, de los resultados que podrás obtener, crea una visión de cómo será el escenario al momento de lograr el objetivo.
    Una vez que lo tengas, pregúntate: ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar por mi sueño? Quizás horas de descanso, quizás actividades con los amigos para aprender a desarrollar una nueva habilidad, quizás algunas copas el fin de semana, quizás olvidarte del televisor durante varios días…
    De nuevo te invito a echar mano de la escritura. Escribir te lleva a mover músculos y neuronas que el pensamiento no hará por sí solo. Describe tu sueño de la mejor manera posible y, a continuación, anota cuáles son esas pequeñas cosas o esas actividades que sacrificarías para alcanzar los resultados que deseas.    
    Pon en la balanza el valor de lo que sacrificarás y el valor de lo que deseas obtener. Pero no olvides que ‘sacrificio’ puede significar abstenerse de algo, cambiar algo en pos de la acción y del camino que te llevará al destino elegido. 
   ¿Dejarás esto sólo en un concepto emocional? ¿O tomarás papel y lápiz para ver en blanco y negro lo que deseas, lo que hay que sacrificar y lo que hay que hacer?

 
 
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Tener claridad respecto a todo aquello que deseamos es el primer paso para lograrlo.
    Cuando inicias un negocio específico es de suma importancia contar con un primer motor que te lleve al éxito. Ese motor consiste en poseer un sueño que te impulse a avanzar y a obtener todo lo necesario para llegar hasta él.
    ¿Qué deseas lograr? ¿Qué sueños quieres cumplir con ese negocio? ¿En qué áreas buscas prosperar? ¿Quieres más dinero? ¿Cuánto? ¿Para qué lo quieres?
     Tratándose de un negocio, pocas son las personas que después de emprenderlo obtienen un buen logro. ¿Sabes por qué –en gran parte– no llegan a la conclusión deseada? Porque no tienen la suficiente claridad en cuanto al sueño que aspiran lograr y, por ende, tampoco hay claridad respecto a la meta.
    Reflexiona unos minutos y por escrito establece tus sueños y metas para, enseguida, determinar las herramientas y los pasos que crees te conducirán hacia ellos. Procura que tu lista sea lo más clara posible con objeto de convertirla en la bitácora de tu éxito.
    Haz de tu sueño el motor que te lleve al destino que deseas, no lo dejes sólo en un proceso mental, porque eso no será suficiente.
    No hay mejor forma que papel y lápiz para concretar los conceptos y los pasos a seguir en tu andar hacia el éxito de ese negocio, y así poder regresar a ellos y evaluarlos cuantas veces sea necesario.
    Sé que aproximadamente 95% de las personas mantiene sus sueños y sus metas sólo en la mente; el 5% restante, sí los lleva más allá de su cerebro. Tú, en qué porcentaje prefieres operar: ¿dentro de ese 95% o en el de 5%?


 
 
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Le preguntaron a Leticia qué deseaba lograr con su proyecto: ganar mucho dinero.
    ¿Te habías percatado de que ese tipo de metas son engañosas? Detrás de los objetos hay emociones, hay sensaciones. El dinero compra cosas que nos ayudan en ese sentido.
    Cuando a Leticia le preguntaron por qué y para qué quería dinero, en ese momento se dio cuenta de que deseaba contar con mejores servicios de salud, que deseaba pagar su casa para tener seguridad, sentir tranquilidad en su vejez, etcétera.
    Cuando tengas un sueño, conviértelo en meta acercándolo lo más posible a la descripción tangible que más de uno pudiera comprender. Así, mejorar mi vida futura puede centrarse en proteger mi salud, y esto puede significar que mi deseo es contar con una buena póliza de seguro de gastos médicos.
    Si tienes un deseo claro, una nueva meta, podrás establecer los pasos que, acompañados de perseverancia, día a día te acercarán a su logro, a valorar tus sueños y afianzarte en ellos.
    Aprende a soñar con fuerza y a convertir tus sueños en objetivos claros. Busca evidencias de otras personas que están logrando metas similares y aprende de ellas. El capital más valioso para lograrlo es tu poder de activar la mente a fin de encontrar respuestas, herramientas y caminos.
    No sacrifiques tus sueños a causa de la pereza mental de creer que no se puede, sino que alecciona a tu mente a buscar el cómo se puede.
    Céntrate en sueños precisos, repetidos como decretos cotidianos acompañados de herramientas y acción que te lleven a un mejor destino y a un mejor futuro.
    ¿Qué harás hoy para no sólo soñar y a cambio lograr encaminarte hacia tus sueños?

 
 
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  ¿Cómo sueles relacionarte con el éxito? ¿Sueles verte como parte de él, o lo ves como un hecho externo que te gustaría alcanzar? ¿Qué hábitos y rasgos de carácter te acercan a él y cuáles son los que suelen alejarte? ¿Qué grado de confianza has desarrollado en ti mismo cuando estableces nuevas metas y proyectos?
    Ésas y otras preguntas similares son de vital importancia para comprender  el porqué hoy estás en el sitio de éxito o el porqué del fracaso que estás viviendo. Valdría la pena una profunda reflexión acerca de tu autoestima y de la manera en que te relacionas con él éxito, y qué tipo de mensajes repites respecto a él. Si descubres procesos de pensamiento que te limitan, podrás, a partir de tu autoplática, reenfocar ésta de una manera más productiva.
    Tu carácter va construyéndose con tu propia forma de pensar, así como las creencias que vas estableciendo en ti mismo.
    Un principio para abrir caminos de éxito y prosperidad es empezar a sustituir, por otros que abran posibilidades,  pensamientos y mensajes que compartidos día tras día pudieran ser limitantes.
    ¿Que hay crisis? Es cierto, pero también hay prosperidad. ¿Que hay limitantes? Es cierto, pero también hay posibilidades. ¿Que hay asuntos que ya no puedes resolver? Es cierto, pero también hay  muchos otros que sí puedes resolver o construir.
    Cada día asígnate la tarea de escuchar cómo estás relacionándote con las circunstancias que se te van presentando; todo inicia en lo que piensas, en lo que dices y en tu actitud. Una actitud más positiva y más proactiva te llevará a mejores oportunidades. Una actitud favorecedora te llevará a construir mejores aptitudes. Y, cuando estás enfocado y alerta a lo positivo y a lo proactivo, transmites en tu entorno una energía más constructiva, así como en la gente que te rodea. Con ello, atraes con mucha más naturalidad circunstancias de éxito y prosperidad.
    ¿Qué harás hoy para elevar tu energía hacia un yo más exitoso?