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     Tus palabras generan influencia en tus propios estados de ánimo. Y, aquellos que suelen extraviarse en discursos victimistas, suelen pagar precios emocionales tan altos como la continuidad del dolor que se infligen en esa actitud. Uno puede no percatarse de que lo está haciendo por falta de atención, pero cuando es víctima de sus propios pensamientos y lleva estos a palabras, suelen terminar por afectar su realidad. 
     Los eventos de la vida son solo eventos, cómo los interpretamos o cómo nos relacionamos con ellos es elección nuestra. Una pérdida puede ser interpretada como la más fatal de las circunstancias o como la oportunidad de haber tenido algo o a alguien. Una pérdida económica puede interpretarse como una derrota absoluta o como una oportunidad de aprendizaje hacia nuevos caminos. 
     ¿Cómo te relaciones con tus circunstancias de vida? ¿Qué te dices a ti mismo de la gente que te rodea, de la vida y sus circunstancias? Detente por momentos y escucha qué piensas como ello te llevará a decir diversas cosas y tomar ciertas conductas. Ten cuidado con ser víctima de tus pensamientos porque te llevarán a creer realmente esa postura de víctima si es que no la estás asumiendo ya. 
     Siempre tienes la oportunidad de cambiar las interpretaciones de una manera proactiva, dejar la queja y el autoflajelo para ver las oportunidades hacia mejores caminos. 
     Muchas circunstancias de la vida pudieran parecer no elegidas por uno mismo, pero ser víctima de uno mismo o no serlo, sí es una elección personal.
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