Picture
     Es común escuchar frases como: Hoy no tengo ánimo para hacer nada. Y esto sin duda parece ser una conducta frecuente cuando las cosas se tornan difíciles o no está claro el propósito benéfico de a dónde ir. 
     Una de las más lamentables conductas del desánimo es quedarnos en él y consentir la inactividad ya que el precio que al final del día solemos pagar es de más frustración y más desánimo por haberle permitido dominarnos. 
     Cuando te sientas desanimado y con ganas de no salir de la cama en todo el día, una buena opción es preguntarte qué harías si no te sintieras desanimado, qué te haría sentir bien si tuvieras la energía, hacia dónde la canalizarías y cuáles serían los objetivos que deberías alcanzar a lo largo de las horas de esa jornada. En segundo término establece cuáles serían las acciones prioritarias para asumir realizar al menos algunas de ellas y una vez que tengas esta claridad, viene la primera y la más relevante de todas las acciones: INICIAR. 
     Sal de la cama con un propósito definido y no le permitas al desánimo tenerte congelado en la nada, en la incactividad que te llevará a peores sensaciones y, aun sin ánimo, busca la energía posible para inyectarle un poco a tus primeras acciónes del día, busca realizarlas con éxito, busca contruir con ellas y seguramente te sentirás mucho mejor al ponerte en acción que si solo te quedarás como se dice popularmente: lamiéndote las heridas. 
     Hoy me sobrepongo al desánimo y si es necesario, construyo un ánimo más productivo.

     Guido Rosas es autor del libro Autoliderazgo. Visita nuestra LIBRERÍA.
     www.Facebook.com/Autoliderazgo

 


Comments


Comments are closed.