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     Quieres ser rico, tener la pareja de tu vida, verte joven y atractivo y cosas por el estilo. Muchas veces, uno le implora a la deidad de su preferencia y creencias, que le mande lo mejor de lo mejor. Pero... en la contraparte de todas esas demandas al universo, ¿qué hay en la oferta? ¿Una persona con un proyecto de vida para que le acerque a la riqueza? ¿Una personas que ofrece tranquilidad emocional desde su soledad ya que vive tranquilo o feliz para compartir con alguna pareja que pudiera llegar lo que hoy ya tiene? ¿Una persona que cuida lo que come y ejercita su cuerpo para que se conserve de la mejor manera posible? O… ¿lo contrario?
     Si espero construir un rascacielos y no tengo planos, y me he dado a la tarea se dejar caer, como cimiento, una serie de piedras al azar, lo más probable es que ahí nunca pueda sostenerse el rascacielos anhelado.
     Mientras menos tenga y esté en peores condiciones esperando que sea otra persona y circunstancias fortuitas las que vengan a “salvarme”, lo más probable es que esto no suceda. Para obtener abundancia de cosas buenas, uno debe prepararse para recibirla y estar en sincronía con las cosas de la mejor manera posible. Mientras más tenga para mí, más tendré para ofrecer a todos aquellos que formen parte de mi vida. Es importante saber lo que uno quiere, pero lo es mucho más, cuando uno ya ha comprendido lo primero, no quedarse en la puerta a la espera. Cuando uno se prepara desde sí mismo y se enriquece en todos los sentidos posibles, muchas cosas comienzan a presentarse en nuestra vida.
     ¿Qué vas a hacer por ti esta próxima semana? ¿Tienes ya un plan de vida para los próximos días?
    
Guido Rosas es autor del libro Autoliderazgo - más acerca del libro: AQUÍ

 


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