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     Perdemos tanto tiempo rodeando la información que queremos compartir o preguntando directa y asertivamente lo que deseamos obtener o plantear, que muchas veces, cuando logramos llegar al punto que deseamos comunicar, la otra persona ya está dispersa o cansada de esperar. 
      Incluso está se ve con frecuencia en la petición de solicitudes hacia nuestros colaboradores o nuestras parejas. Damos un preámbulo demasiado largo y suele ser por dos razones: Miedo y falta de claridad en lo que deseamos. 
     Preguntarnos antes de un planteamiento cuál podría ser el miedo nos puede llevar a asumir primero lo que puede perderse y una vez asumido ir por la ganancia.Finalmente, si no lo digo es probable que no lo obtenga  si lo digo es probable que tampoco (quizá peor con tanta sobrada información) pero también en la segunda abro la posibilidad de obtener lo que deseo. Debemos entrenarnos a ir, poco a poco, más allá de neustros miedos. 
     En la segunda posibilidad de no estar claro en lo que deseo lo ideal es que uno sepa a dónde quiere llegar. Si yo no sé cual es el objetivo o destino que deseo es muy probable que me extravíe en el camino. Luego entonces preguntas como: ¿Qué es concretamente lo que deseo pedir o solicitar? ¿Cuál es la manera más breve de solicitarla y en qué términos? 
     Quiero agregar que en la medida que uno es claro y directo dentro del conocimiento del punto en cuestión y sus objetivos es más facil lograr mejores negociaciones y obtener en términos generales mejores resultados. 
     La gente más exitosa y los mejores puestos se dan entre las personas que desarrollan la habilidad de ser mucho más directos para solicitar para corregir y para aclarar cualquier circunstancia que se tiene que pedir o resolver
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Guido Rosas es autor del libro Autoliderazgo - visita la librería electrónica: AQUÍ

 


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