Picture
     Más de una persona me ha escrito preguntándome qué puede hacerse con esos compañeros de trabajo con los cuales uno tiene que tratar irremediablemente  o aquél pariente que siempre está en las reuniones familiares a quien uno no soporta, o... en pocas palabras, ¿qué hacer con las relaciones incómodas?
     Antes hablar de ellos, hablemos de quien se siente incomodo con ellos: Uno mismo. Muchas veces sentimos desagrado por alguien sin saber qué hace que nos desagrada tanto. Pero si nos preguntáramos qué es lo que nos repele realmente y nos respondiéramos con sinceridad, en muchos de los casos la respuesta podría no gustarnos. Muchas veces nos desagrada ver en otros algo de lo que nosotros huimos,  es decir, lo que consideramos nuestros propios y ocultos deseos de no ser o cambiar. ¿Qué hay en ti que me molesta?, es una buena pregunta, pero ¿qué hay en mí que me molesta como eres? puede er una pregunta mucho más poderosa. 
     Yo no puedo hacer que tú cambies pero sí puedo responsabilizarme de mí. En alguna otra nota he hablado de que paciencia no es tolerar y cargar hasta reventar sino aprender a mantener un estado de paz; gran parte de esta tarea se da cuando dejamos de buscar alterar y modificar a otras personas para que nosotros podamos conservar ese anhelado estado de paz. 
     Eso no quiere decir que debemos permitir a otros tomar las conductas que quieran y relacionarnos con ellos por un simple ejemplo de "levitación del ser". Quiere decir que si yo conservo mi estado de paz puedo aceptar o negar ciertas cosas pero sin necesidad de alterarme y perder mi centro emocional. 
     Si no puedo evitar negociar con un compañero laboral lo ideal sería comprender qué hay en mí que me molesta tanto relacionarme con él y a partir de comprenderlo puedo ser mucho más compasivo para aceptar que no cambiará y decidir una mejor manera de relacionarme. Cuando nosotros cambiamos nuestra conducta, muchas veces la contraparte termina por cambiarla, un ejemplo es que un niño llora más mientras descubre que esa conducta le da la recompensa que solicita a quien se altera y se la otorga. El día que comprende que llorar no le da lo que desea, es muy posible que cambie la estrategia de negociación. 
     El tema da para mucho pero quisiera dejar algo lo más aterrizado posible. La próxima vez que comiences a alterarte con alguien, pregúntate qué hay en tí y aprende de ti mismo. Aprende a ser mejor y a conservar más tu estado de paz. A tomar desiciones más proactivas y menos desde la reacción de la impaciencia. No siempre se logra, lo sé por experiencia, pero en la práctica constante y la observación de uno mismo se logra mucho más que en tratar de modificar a otros y quejarnos perenemente y vivir en el comentarío de "cómo deberían ser los demás".

 


Comments


Comments are closed.