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     Miedo, duda, temor al fracaso, apatía, incertidumbre, autoboicot, ignorancia, falta de motivación... ¡Cuántos obstáculos puede encontrar uno para vivir mejor!
   Antes hablamos de obstáculos externos de tu vida, también hablamos de obstáculos internos y... ¿los obstáculos emocionales? Esos que parecen ser aun más internos que los antes descritos. 
     Todas las personas tenemos este tipo de bloqueos y la gran diferencia entre unas y otras puede partir de su formación, de sus creencias, de cómo interpretan la vida y a partir de todo eso, cómo toman decisiones y conductas. Cada persona es distinta a otra porque sus experiencias y aprendizajes también son distintos, pero siempre hay una opción de mejora que impacta lo que menciono en este artículo y en los dos anteriores. 
     Nos hace mucha falta aprender a conversar con nosotros mismos de una manera proactiva. Una estrategia común es que si sentimos miedo a algo lo evadamos, no lo afrontemos y, en otras notas he dicho que la diferencia en muchas personas que parecen no tener miedos y dudas, no es que no las tengan sino que de alguna manera han aprendido a manejarlas o a lidiar con ellas. 
     Lo primero que se requiere es aprender a reconocer que existe el temor o la duda, que existe alguna emoción que pudiéramos no desear sentir pero ahí está. 
     Un segundo paso es preguntarnos de ¿dónde parte esa emoción? ¿qué sería distinto si no estuviera ahí esa moción? Un ejemplo es que siento ira, mi conducta es gritar a mi pareja, ofenderla e irme. ¿por qué siento ira? ¿porque no pude controlarla? ¿porque no pensó él o ella lo que yo quería? ¿porque me siento frustrado y con ella o él me desahogo? Comprender de dónde parte esa emoción y qué genera esa conducta me lleva a darme cuenta que todas mis emociones y mis reacciones tienen que ver conmigo y no con la conducta de otros, aun cuando solemos responsabilizarlos. Ahora, ¿qué sería distinto si no estuviera ahí esa emoción? Quizá le hablaría distinto, negociaría mejor, comprendería que tenemos ideas distintas y buscaría la mejor conciliación posible que no necesariamente sería mi punto de vista, quizá .. habría un sinfín de opciones distintas al precio de haber cerrado la comunicación como lo hice desde una emoción descontrolada. 
     El tercer paso es poner en practica un reenfoque de la emoción, al comprender de dónde parte y modificar el objetivo del resultado, ponerme en acción con continuidad me lleva a mejorar mis reacciones y un mejor manejo de mi emociones. Lidiar con dudas, dudas e incertidumbres, emociones no deseadas y con nuestras reacciones, requieren de escucharnos mucho más para detectar dónde las emociones comienzan a ganarnos la partida, observar de dónde provienen y ser nosotros los que no le ganemos al de enfrente sino al que ahora está leyendo estás líneas. 
   Poco a poco, lo más importante es empezar, ponerte en acción e ir mejorando cada día. La mente suele ser generosa, cuando va viendo la conveniencia y te va ayudando, el problema es cuando la dejas a la deriva y toma decisiones no muy convenientes por haber sido mal entrenada.

 


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