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     Uno puede trabajar, ocho, diez o doce horas al, día pero lo más valioso de hacerlo no será el número de horas invertidas sino la calidad de la productividad que le dediques a esas horas. Hay quienes dicen: ¡Yo, trabajo mucho! ¿No sería mejor que dijera: Yo, produzco mucho?
     En algunos países del mundo se trabaja menos horas que en otros y con un nivel de productividad mucho mayor, y es ahí donde incluso radica una posibilidad de mejorar la calidad de vida de una persona. Si nosotros tuviéramos o fuéramos desarrollando la capacidad de observar con detenimiento todas esas fugas de tiempo que se nos va como distractores improductivos, y nos diéramos a la tarea de eliminarlos poco a poco, seguramente seríamos mucho más productivos.
     Una persona que se entrena a tener más productividad que tiempo laboral es una persona que sabe optimizar muchos otros recursos. Más vale trabajar cuatro horas con un profundo interés y empeño objetivo, con más eficiencia y eficacia para lograr una alta productividad, que pasar el día entero perdido en distracciones en donde la productividad no se logra a pesar trabajar doce horas; es decir, tres veces el tiempo.
     ¿Quieres ser más productivo? Haz un poderoso ejercicio: Entrénate por horas. En un tiempo límite de una hora, ponte uno o varios objetivos que sabes que podrás cumplir si no te extravías en distracciones que están dentro de tu control. Esa hora sé más productivo y celebra el haber obtenido el resultado deseado. Hazlo de nuevo, y así, procura hacer que en menos horas obtengas más y mejores resultados de los que sueles obtener cuando no prestas atención a esto.
     Te darás cuenta de lo poderoso que es aprender que no necesariamente hay que trabajar más tiempo y desear aumentarle horas al día, sino trabajar mejor, con más enfoque, eficiencia y eficacia.

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