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     Todo inicia cuando llegamos a dar una plática a un grupo de personas con sueños de una vida mejor, el lider del grupo ha invitado a algunas personas que esperan con expectativa, no saben bien para qué se les ha convocado.  Juan observa cauteloso, con paciencia, con esperanza.  El día pasa, la propuesta de negocio avanza, el interés aumenta, gente que decide ingresar a un viaje que va de un sueño a una meta y Juan, está ahí con ellos, con apoyo absoluto, con un profundo deseo de ayudar a avanzar. 
     Alguien le solicita hacer una presentación ante los que hemos llegado de visita, él con sencillez acepta, se pone de pie y expone ante la audiencia el plan de negocio de la empresa, lo conoce, tiene una evidente idea de lo que busca propiciar en la audiencia y no sólo tiene propuestas, tiene soluciones a las que ya sabe pueden ser las necesidades de varios de sus asistentes, pero, lo que brilla alrededor de Juan es su profundo deseo de ayudar, de avanzar, de lograr sus sueños convertidos en metas. Me conmueve su sincera humildad, su entrega, su evidente apoyo para que otros crezcan con él. 
     Finalmente comemos con Juan, bromeamos, el responde a nuestras propuestas, y hace preguntas, quiere saber, quiere ser mejor, quiere construir un grupo de beneficios para un grupo de personas, Juan es un lider con un profundo deseo de prosperar. 
     - ¿Cuántos años tienes? - pregunto.
     - Hoy cumplo 48 años, por eso estoy tan contento; sabía que hoy vendrían a apoyar a mi grupo y me hace feliz que sea este día. 
       Unos minutos antes de las cinco de la tarde, Juan se despide, tiene que trabajar con con su gente, se va feliz, nos comparte un evidente sincero agradecimiento. 
       Quedamos los tres visitantes de ese día aleccionados por la postura de Juan, deseamos apoyarlo en todo lo posible porque él quiere ir con todo lo necesario para lograr el éxito y pagar el precio necesario para lograr sus sueños. 
     Se ha marchado y nos ha dejado una reflexión:  Es importante recordar cuántas cosas simples debemos trabajar a diario,  como disfrutar nuestros sueños que, antes de ser convertidos en metas, deben llenarse del poder de un profundo deseo. 
    DEL AUTOR: Guido Rosas.
     Escritor y Conferencista especializado en Comunicación Humana y ahora Distribuidor Independiente en Alphay. 
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