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     El dinero es un elemento relevante en la sociedad occidental en que vivimos. Y si menciono ésta, es debido a que tal vez somos una de las culturas que más importancia le da a la moneda y a todo cuanto se adquiere con ella. Sin embargo, en muchas ocasiones,  una vez que se han cubierto las nececidades básicas como techo, alimento y abrigo, no nos percatamos de que lo demás puede ser irrelevante. Con esto no quiero decir que no debamos tenerlo o disfrutarlo. A mí me gusta poseer sufiiciente dinero por la cantidad de cosas que pueden adquirirse con él, pero aun así, quiero hacer una breve reflexión de lo que el dinero compra más allá de lo tangible o de lo que superficialmente puede pensarse.
    Vivimos tan perdidos en el  consumismo, que hemos perdido el real sentido del valor del dinero. Nos perdemos en lo superfluo sin antes reparar en que una moneda llega a tener un valor incalculable cuando las usamos con un sentido profundo.
     Hay quienes piensan que con dinero es posible comprar  amor, afectos, amistades… ¿Es cierto? Desde luego que no. Sin embargo, existen acciones que pueden parecer “frívolamente compradas”, cuando en realidad si vamos más allá de la superficie, podremos descubrir que se trata de verdaderos actos de amor.
     El dinero no sólo compra cosas,  aun cuando así lo parezca. El dinero también compra emociones y sensaciones; compra sensaciones de elegancia, poder, tranquilidad, felicidad. Pero esta última debe entenderse como sinónimo de enriquecer momentos que en sí mismos podrían ser muy valiosos.
     Seguro estoy de que un café de siete euros en la plaza de San Marcos de Venecia, en medio de una soledad amarga y de una lamentable tristeza, nunca podrá ser mejor que un café de menos de un euro en un espacio nada espectacular, pero en compañía  de alguien a quien quieres y con quien es un placer estar.
     Es importante aprender que cuando alguien hace algo por ti, no debes perderte en la superficie monetaria pensando que es una salida fácil de quien te ha dado algo, sino que no pierdas de vista el verdadero acto de amor y de generosidad implícito en la acción de quien te quiere.
     Te invito a buscar en lo profundo de las cosas que aparentemente han sido compradas con el dinero, ¿dónde está el sincero acto de amor?, a fin de que cuando des algo de ti, también lo hagas despojado del egocéntrico deseo de sólo comprar, y entonces descubras dónde se encuentra lo más profundo de tu acto amoroso.
     Cuando llegamos al frofundo valor de las cosas, es fácil comprender que el Caballero don Dinero cobra más relevancia po ser un medio para construir mejores circunstancias y mejores emociones en todo sentido.

 


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