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     Hace algunos años me di a la tarea de estudiar un poco al respecto del amor y sus diversas formas. Leí sobre Eros y Filia que suelen ser dos de las formas más populares. Me gustó leer el concepto de Ágape y su amor de consciencia, pero llamó mucho mi atención encontrar una manera de amar de la cual no suelen contarnos mucho: Storgé.
     El amor de Storgé es el amor del sacrificio, pero no el de la víctima que se lamenta por lo que pierde u otorga, sino el de quien dentro de ese inmenso amar que te procura desea tu bien y sacrificar algo de sí mismo puede hacerle feliz sin tener una expectativa de agradecimiento o un posible cargo emocional o reproche posterior. 
     Ama de esta manera alguien que puede privarse de algo para que el ser amado sea feliz y el simple hecho de hacerlo ya le hace feliz.
     Hay un ejemplo por excelencia cuando se habla de amar con Storgé: El amor de una madre, sí, ella es un ejemplo de quien puede privarse de un bocado sin el menor reparo para alimentar al hijo que ama. Esa madre que puede privarse de su abrigo para resguardar a su hijo. Esa mujer que puede pasar la noche en vela para velar el sueño del ser a quien ha dado vida. Podríamos amar con Storgé a un hijo, a una pareja, a nuestra propia labor cotidiana, a nuestro trabajo, a nuestros amigos, a la humanidad. 
     Si más personas amáramos con Storgé comprendiendo nuestra unidad colectiva, si más personas amáramos dando lo mejor de nosotros más que sólo aquello que nos sobra y procuráramos el bienestar de más personas, si más personas nos diéramos a otros, alejados del egocéntrico deseo de sentirnos buenos y reconocidos públicamente y lo hiciéramos para buscar y propiciar el sincero bienestar ajeno más allá de que otros se enterarán o no, tendríamos un entorno distinto.
     Hay que amar más con Storgé y agradecer a quien tanto nos ha amado.

 


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