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     Para lograr proyectos, establecer equipos y vivir en concordancia con los grupos de los que generalmente necesitamos obtener algo, requerimos relaciones de confianza. Y muchas veces, sin darnos cuenta, vamos deteriorando esas relaciones tan importantes para la obtención de nuestros logros. ¿Cuántas veces, al relacionarnos de una manera casi irracional con alguien, ofendemos y menoscabamos la integridad de esas personas? Y, sin embargo, algo dentro de nosotros nos impide ir al rescate de esa relación y planeamos estrategias que puedan restablecerla sin que de nuestra boca surja la palabra perdón, o me equivoqué.
     Generalmente las relaciones, cuando inician, están limpias, como lienzos donde podemos pintar cantidad de cosas pero, lamentablemente debido a la rutina y a la cotidianidad, vamos perdiendo la responsabilidad de lo que esa relación representa para nosotros. En ocasiones, cuánto más sólida parece ser la relación, menos atención le otorgamos al cuidado de ésta y así, esa persona que inicia siendo brillante para nosotros, la convertimos en circunstancias de ira, quizás en una persona intolerable, o de poca importancia aun cuando en el fondo pensemos que prevalece lo contrario.
     La confianza es un principio de valor que no puede cuidarse sólo con palabras, hay que protegerla con nuestros actos del día a día y el respeto a los demás. Hay que cuidar nuestras relaciones más allá de lo que otros hagan. Poner límites puede ser necesario pero siempre desde una plataforma de respeto a nuestras palabras, a nuestros acuerdos y nuestras decisiones. Puede que alguien piense que tú no eres una de sus personas preferidas, pero si hay congruencia en el respeto de palabras y acuerdos, en el fondo, esa persona, sabrá que eres una persona de fiar. De confianza. 
     Los valores no pueden exigirse, hay que fomentarlos y la confianza en ti es algo que en principio es a ti también a quien corresponde construir.

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