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     Tu trabajo, tu situación financiera, tu relación de pareja, la relación con tus hijos, con la gente que te relacionas cotidianamente, con tu vida en general... ¿Vives alineado y resignado?
     En muchos sentidos de la vida, lo ideal, es vivir realizados.  Sin embargo, la realidad es que si observas a mucha gente te darás cuenta de que no sólo no vive realizada sino que además vive resignada a una vida que no desea. Resignarse supone de alguna manera conformarse, someterse a algo no deseado. Así muchas parejas quedan "sometidas" al compromiso de una relación o queda alguien sometido a un trabajo que no le gusta y piensa que no tiene otro remedio y de ahí surge un gran problema que describo en dos palabras: Amargura y frustración. El problema de la resignación es que generalmente conlleva una carga emocional que cuando se acumula puede resultar en un arranque de dolor y de reproches hacia alguien o hacia la vida misma. Vivir resignando conlleva también una carga de descontento por lo que uno parece aceptar de manera irremediable. 
     Cuando uno decide no resignarse ante lo que vive tiene dos opciones: Cambiar decisiones y conductas para que se altere la circunstancia a la que uno se ha resignado, o alinearse por decisión propia a lo que no es negociable o no se desea, finalmente, cambiar por alguna razón. Modificar una decisión y generar un cambio de vida es un paso que a la mayoría puede resultar sumamente incómodo y por ello muchas veces, aún sin pensarlo, se convierten en víctimas de viejas decisiones y circunstancias. 
     Si uno no desea cambiar algo o bien piensa que no puede porque es algo no negociable, sí puede alinearse y esto es justamente desprenderse de todo dolor de resignación para comprender que es algo a lo que más vale alinearse y fluir de la mejor manera posible. Un ejemplo práctico es un empleo, que si bien no me gusta pero por determinadas circunstancias decido no cambiarlo, lo mejor que puedo hacer es dejar de buscar los puntos que me hacen no quererlo para enfocarme en los beneficios y las bondades del mismo que finalmente me hacen permanecer en él.
     Si bien, mi hijo de 18 años no es el joven que yo hubiera deseado, puedo aceptarlo victimizado con resignación y/o dolor o propiciar hacer lo mejor que esté en mis manos para relacionarme de la mejor manera con él, comprendiendo que no podré cambiarle a mi conveniencia y haceptar las cosas como sin de una manera tranquila y fluida, es alinearse; buscar fluir de la mejor manera con lo no negociable. Siempre puede estar la posibilidad de cambiar algo o de moverme a otro sitio. Pero si creo que esto no es opción o decido permanecer, lo ideal es soltar a la víctima resignada que nos amarga y frustra y dar la bienvenida al ser que se alinea sacando lo mejor de cualquier circunstancia.

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