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     Ser padre de familia es una de las tareas para las que por lo general no hemos sido entrenados. Como líderes de nuestro hogar solemos estar alerta de lo que solicitamos e instruimos a nuestros hijos, pero hay una parte que a menudo pasamos por alto en la formación de ellos: el Autoliderazgo. Sí, esa actitud personal que ellos miran en nosotros más allá de las órdenes o de los consejos que podamos darles.

     Autoliderazgo es la capacidad que desarrollamos para conducir nuestra vida y que, al mismo tiempo, será un ejemplo para quienes nos rodean. Una cosa es lo que me dices que debo hacer y, otra, la que mi cerebro determinará como buena o mala al momento de observar tu conducta independientemente de tus palabras.
     Max Weber, pensador y sociólogo alemán, considera que el poder puede comprarse o venderse, como por ejemplo el caso del gerente de una compañía, o de un jefe en una tienda departamental. En cualquiera de los dos casos, concederles el puesto, de inmediato implica también otorgarles "poder", el cual podrá ser usado en favor o en contra de los subordinados; podrá ser empleado para ayudar o para abusar de otras personas. Eso, también pasa en relación con la familia: ser papá, me da el poder de decidir lo que mi pequeño hijo realizará, como salir con los amigos, ver televisión, estudiar durante determinado tiempo, volver temprano a casa, etcétera.
     La autoridad, definida por Weber, significa la capacidad de influir a partir de nuestras conductas, ejemplos y valores. Confianza, respeto, credibilidad, cumplimiento, cariño, son valores, y se fomentan por influencia; es decir, contar con el amor, la confianza y el respecto de nuestros hijos, no se logra a base de exigirlo sino de fomentarlo por influencia. Al margen de tus palabras, será tu ejemplo el que motivará o impedirá que tus hijos sientan o compartan contigo esos valores.
     De ahí, la importancia del Autoliderazgo, esa capacidad de escucharte, de observarte, de enriquecerte….    ¿De qué forma estoy actuando para que mi hijo responda de la manera que no deseo? ¿Qué estoy mostrando con mi conducta, de forma que es incongruente con lo que a mi familia le digo respecto a lo que considero correcto?
      Lo que uno, como padre de familia, aporte a sus hijos, será en la medida de su propio enriquecimiento personal.  A mi hijo puedo hablarle del éxito, darle libros y lecciones de cómo ser exitoso, cuando para quien está influido por mí, no hay mejor lección de cómo ser exitoso que el ejemplo de mí mismo generando mi propio éxito.
     A pesar de yo ser muy ignorante puedo promover a mis hijos para que no sigan mi ejemplo; pero, si yo me enriquezco de conocimiento, me será más fácil dar respuesta a sus necesidades y así podré propiciar su riqueza de conocimiento. Sé que como padre puedo hablarles de amor y de la pureza de amar, pero absurdo será si eso únicamente lo hago en mis momentos de buena voluntad y, por lo general, los ofendo, los golpeo, los menosprecio. Cuanto más posea yo, llámese amor, dinero, paciencia, conocimiento, etc., más tendré para compartir con los demás a través de mi ejemplo y de mi riqueza.

Con base en la popular frase "no juzgues a la gente por lo que dice sino por lo que hace", lo primero que te recomiendo es fomentar, como líder de familia, tu liderazgo personal a partir de tu propio enriquecimiento.

     En Autoliderazgo expongo la gran diferencia entre aconsejar y asesorar.
     Aconsejar consiste en decirle al otro lo que considero que debe hacer desde mi punto de vista, desde mi información o criterio. Sin embargo, aconsejar no siempre es lo adecuado, ya que precisamente está basado en mi criterio, en mi punto de vista personal.
     Ahora bien, asesorar es ayudar a la contraparte a buscar sus propias decisiones, sus propios compromisos, sus propias posibilidades y consecuencias. Asesorar requiere saber escuchar y preguntar más allá de mis impulsos por lo que pueda gustarme o no gustarme.

     Te daré un ejemplo práctico: Un padre recibe las bajas calificaciones de su hijo de quinto grado. Si se trata del clásico padre consejero puede que llegue a darle el calificativo de flojo, de bueno para nada, y le ordenará apagar su videojuego y ponerse a estudiar. Este es el modelo perfecto de un padre consejero. Juzga desde su criterio personal y dicta lo que él considera conveniente. Pero, lo más seguro es que ese padre consejero no conozca el problema real y, por lo tanto, no pueda contribuir a una solución también real.

     Un padre asesor, por el contrario, tiene más conocimiento, su Autoliderazgo lo lleva a enriquecerse diariamente y está habilitado para escuchar y preguntar de forma adecuada. Un padre asesor busca que su hijo rescate su propio poder y de esta manera pueda elegir lo más conveniente desde su responsabilidad individual.

     Si el padre asesor ha ido abriendo canales de comunicación humana con su hijo, las bajas calificaciones de éste le conducirán a informarse antes de sentenciar, antes de determinar y de castigar. Hacerle algunas preguntas a su hijo le dará un parámetro muy distinto del que tiene el padre consejero:

- ¡Qué pasó! ¿Que reprobaste? -pregunta el padre.
- No entiendo matemáticas, me es muy difícil -responde el hijo.
- ¿Estudiaste en casa?
- Sí, pero no entiendo.
- ¿Por qué no preguntas en clase?
- Porque se burlan de mí.
- ¿Qué pasaría si preguntaras yendo más allá de la burla?
- Conocería la respuesta.
- Y esto, ¿en qué te ayudaría?
- En comprender la materia y sacar buenas calificaciones.

     Este breve ejemplo nos muestra que el problema real no está en la falta de estudio del hijo sino en su posible baja autoestima, lo cual le impide preguntar en clase y no tomar en cuenta la burla de los demás. Este padre asesor está ayudando, a partir de su conocimiento, a que su hijo vea sus posibilidades más allá de lo que pudiera considerar sus límites. Asesorar, ayudar a la contraparte a tomar sus mejores decisiones y ayudarle a ver sus posibilidades de poder y mejora.

     Ahora bien, asesorar tiene tres elementos muy importantes, los cuales te invito a recordar y poner en práctica:
  • Escucha con calidad en vez de concluir desde tus creencias personales.
  • Haz preguntas que ayuden a tu interlocutor a fin de comprender sus razones, y así ayudarle a que él vea sus posibilidades para salir de sus limitaciones y avance.
  • Si has preguntado, es de suma importancia que nuevamente escuches antes de que tú saques conclusiones.

     En la calidad de escuchar y en la calidad de tus preguntas, estará la calidad de tu asesoría. Por eso es tan importante tu liderazgo personal.
    Te invito a reflexionar en el tema, a observarte más, a enriquecerte de manera personal y a que a partir de tu riqueza de conocimiento y valores, escuchando y preguntando con calidad, puedas aportar un liderazgo poderoso para contribuir a que otros seres humanos rescaten su propio poder. Te invito a trabajar en tu proceso de Autoliderazgo para, en consecuencia, ser cada día un mejor padre. En tus manos está ser consejero o ser asesor. Explota tu poder y autoridad personal en favor de tus seres queridos.


 


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